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Francisco Ferrer Lerín. Nora Peb. Tusquets Editores.

2ª parte de Familias como la mía.
La imagen puede contener: 6 personas, personas sentadas, mesa e interior
Francisco Ferrer Lerín con los poetas Juan Manuel Molina Damiani, Pedro Luis Casanova, Joaquín Fabrellas , Aurora Liébana y Antonio Erena Camacho.
Foto: Fátima Linares.
Jaén, mayo de 2017.



Los esconjuraderos de la memoria.



Sí, FFL se mueve como sierpe por la memoria, se arrastra, retrocede, muda de piel, y, a veces, se la inventa. Porque Nora Peb es un pacto con la memoria y con la ficción, con la aflicción de haber perdido la memoria y con la conjura de quien mienta a los demonios para no volver a verlos, ni a revivirlos, por eso el espíritu de la letra se los inventa una y otra vez, como diría Aníbal Núñez sobre la escritura: “lo que para el lector es un poema de siete versos, para el poeta son siete veces setenta fantasmas que tienen que volver a vivir de nuevo.”

De ahí: esconjurar, exorcizar en el espacio inerte del texto, su pureza encantada de silencio para que no vuelva a ser más el vacío que invoca el viento, para espantar a los propios demonios y para epatar al lector amodorrado, porque Nora Peb es literatura maldita, no quiere lectores, quiere reconstructores de la esencia literaria, personas en el abismo de la reinterpretación literaria.

1.- Nora Peb es la prolongación natural del espacio reservado a la memoria autoficcionada que comenzó en Níquel con Pablo Amatller. Deambulamos por los lugares ensamblados que juegan a ser un remedo memorístico. La literatura no es más que el juego minucioso del autor contra su propio olvido. Es su rastro adornado.

Es una caja de resonancia que emite los ecos de los temas que se trataron en la primera parte, pero con la oportunidad de leerlos de forma desgajada, aumenta el placer del acto estético de la lectura, marcando el carácter de recuerdo contado, de algo vivido lejanamente; empero vívido para el autor que no ceja en su empeño de pormenorizarlo todo, de hacer listas, de convertir en orden el caos, de hacer pequeño lo grande, de ahí, uno de los asertos de la  literatura de FFL: todo puede ser literatura. Todo se puede traducir del enorme texto que es el mundo.

Como contrapartida, el correlato objetivo se mueve entre la especulación inmobiliaria, los creadores de espacios falsos, o el aniquilamiento de víctimas y la desaparición organizada como tributo expiatorio para las aves necrófagas, convertidas de forma involuntaria en purificadoras de lo horrendo, y todo dispuesto además como una actividad de ocio para ricos extranjeros que no hacen preguntas.

2.- FFL trabaja como un prestidigitador que nos hace mirar a otro lado mientras las manos manosean la carta marcada de su literatura única. Trabaja además con un procedimiento irracional, no unido por conexiones sinápticas, sino de forma orgánica, por conexiones sensuales, química pura, remordimiento y sangre, deseo y sexo; un ensamblaje alucinado que merodea la metaliteratura dura.

Nora Peb, sabedlo, establece campos de comunicación con la poesía, porque FFL rehace lo escrito en un vasto intento de retroalimentación poético-narrativo, escritural, FFL se va fagocitando, enseñando partes y escondiendo otras en forma de sainete o bocado para las aves de presa, recolocando todo como en un infinito holocausto o tortura animal. Su escritura es herida.

No hay fronteras naturales entre sus textos, todo es todo. Lenguaje, magma.

3.-  FFL incluye las recapitulaciones como literatura, las obsesiones como marca de la casa. Ah, la inutilidad del conocimiento humano. Incluye los espejos, se mira a sí mismo, se da carta de naturaleza, se nombra en el texto y se re-crea en la invencible incredulidad de lo literario.

Nora Peb, Níquel, Familias como la mía se construyen en gran medida sobre la anécdota metahistórica, pero se alimenta de esos pequeños delicatessen estéticos que hacen jugosa la narración.

Nora Peb no tiene antecedentes en la literatura española, no tiene pasado ni futuro. Es la valencia que aclimata el metal, lo radica para combinarlo, preciso y funesto a un tiempo.

Encierra además los mejores relatos de estas primeras décadas del siglo XXI: “Cine Cristina” y “De vientre”, entre la escatología y la sexualidad, mezclando de forma cruel memoria y recuerdo.

Una nueva literatura surge y se nos da como víctima, ofreciendo su carne en la letra, ya vendrán los buitres a comer los restos del altar.


Joaquín Fabrellas
lo bello y lo difícil


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