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Mostrando entradas de febrero, 2012

La pintura de José Fernández Ríos. Joaquín Fabrellas

Tres son los pilares sobre los que se construye la obra del pintor José Fernández Ríos: un elemento neobarroco, un componente hiperrealista y el paisaje como símbolo de resistencia.

La obra de Fernández Ríos es extensa, comenzó hace más de treinta años y siempre ha tenido como telón de fondo, al igual que otras manifestaciones artísticas, la ironía, el distanciamiento, provocado por la desastrosa realidad enajenadora de la sociedad actual. Ante tanta insensibilidad aparece la risa forzada que pretende cuestionar todos los valores de esta sociedad construida en unos principios demasiado efímeros, pero que todos parecen aceptar tácitamente sin oponer una resistenciaclara. Como una masa bien adoctrinada a la que le ha sido marcado el camino que hay que seguir. Phantasmata era la expresión utilizada por Platón para definir a todos aquellos que, liberados de las cadenas, salían a la luz, a la verdad y eran cegados por la luz auténtica. Actualmente, la población civil anda por los mismos de…

José Ángel Valente. No amanece el cantor.

El centro es un lugar desierto. El centro es un espejo donde busco mi rostro sin poder encontrarlo.¿Para eso has venido hasta aquí? ¿Con quién era la cita? El centro es como un círculo, como un tiovivo de pintados caballos. Entre las crines verdes y amarillas, el viento hace volar tu infancia.- Detenla, dices. Nadie puede escucharte. Música y banderas. El centro se ha borrado. Estaba aquí, en donde tú estuviste. Veloz el dardo hace blanco en su centro. Queda la vibración.¿La sientes todavía?

Federico García Lorca. "Sonetos del amor oscuro"

"El poeta pide a su amor que le escriba"

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal. La piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena
noche del alma para siempre oscura.

Antonio Gamoneda, Lápidas

Rumor de acequias entre los frutos, clamor bajo las gárgolas. Perdido estuve en los mercados, encendido en los rostros reunidos por la voz ferial, ciego en las cintas y en el aroma de los alimentos, confundido en el fondo de la alegría. Lana y silencio en los soportales, flores bajo las logias. Altos lienzos sostenidos por horcas comunales gritan en la paz solar, y un día esférico se abre en vértigos y sombras, en navajas y sombras, sobre costumbres y carriegos. Fluyen monedas y servicios; fluyen las aguas de la vida en un río sin nombre, en un tráfico de suciedad gloriosa, de varón en varón, de mano en mano. Un remolino de labriegos y madres habla el idioma de los muertos, la palabra lastrada de rocío, verde bajo los vientos, hirviente y dulce en los almacenes. Uvas y arándanos en la claridad y, en los días del hielo, el relámpago amarillo de los narcisos florecidos a la sombra de las grandes montañas.

Lázaro Santana. Las Palmas de Gran Canaria, 1940.

Lázaro Santana es uno de esos ejemplos artísticos que escoge el camino difícil frente a la facilidad de índole comercial. Perteneciente, si es que esa pertenencia ayudase a entender mejor el fenómeno poético, a la generación del 68, lo digo como convención crítica, no con convencimiento personal, ya que la generación del 68 fue una especie de cajón de sastre donde tuvieron cabida los más variados autores y las más variadas técnicas poéticas y estéticas.
Bien, Lázaro Santana es un autor al margen de todo este fenómeno teórico-crítico, quizá porque conoce bien el mundo de la teoría y de la divulgación cultural. Como ensayista ha estudiado la obra de Pedro González o Manolo Millares, entre otros. También destacan sus estudios sobre poesía canaria contemporánea. Ha ejercido también como traductor de autores como Robert Browning, Cavafis o Langston Hughes.
Como poeta publicó su primer libro en el año 1966: El hilo no tiene fin; seguidos de Recordatorio USA, que aprecería en 1971, Apócrifos…

Jano Pavlik. Fotógrafo

Arte de las putas. Nicolás Fernández de Moratín. II parte

Don Nicolás Fernández de Moratín habla en el segundo canto de su poema de las enfermedades que conlleva la prostitución, del mal gálico o sífilis, de los herpes, así como de los lugares y las profesionales que ejercen la prostitución y que son famosas por ello en un Madrid de finales del siglo XVIII.

"Los vecinos que habitan la alta calle
que acuerda el lugarcillo de Hortaleza,
están hechos a hallar en los zaguanes
cuatro patas a oscuras. Se tropieza
y se pasa tragando callandito
envidia y miedo de ambos un poquito.
De Jerónimo el Magno en la Carrera,
en la Puerta del Sol todas las noches,
y en la calle también de la Montera,
al son de los chasquidos de los coches
se enfalda la salada Calesera,
la basquiñuela que al revés se pone
de miedo de emporcarla tantas veces.

Nicolás Fernández de Moratín.

Arte de las putas.
Tratado sin tapujos sobre las pasiones humanas. Libro prohibido por el Santo Tribunal de la Inquisición. La intención del escritor ilustrado Nicolás de Moratín no era otra que la de enseñar el vicio de la prostitución, la forma de enfrentarse a ella. No recomendaba su uso, solo señalaba que estaba ahí, que existía en una sociedad que utilizaba sus servicios, desde el más alto cargo político hasta el artesano más humilde, pero que hipócrita e intencionadamente, detestaba de cara al público. Según Moratín padre, si se han hecho tratados sobre la guerra, sobre cómo curar las más absurdas enfermedades, por qué no un tratado sobre a voluptuosidad y la sensualidad  femeninas.
Este libro nunca fue incluido entre los libros de don Nicolás. Se conocía en un reducido número de intelectuales y amigos de Moratín. El miedo a la Inquisición como la causa de su desconocimiento. Una vez abolido el Tribunal en 1820, se publicaría este libro a finales del siglo XIX, de autor anónimo.

Arte de las putas. Nicolás Fernández de Moratín.

No piense alguno que mi verso enseña
los vicios; soy espejo, no oficina;
mi canto avisa, pero no aconseja
como el teatro; ¡así los sibaritas
la borrachera hicieron detestable
embriagando primero a los esclavos,
viendo sus hijos vicio tan infame!
...
Cuando hoy abundan tantos metodistas
de estudiar de curar los sabañones
y otras mil cosas; ¿ha de estar sin reglas,
solo fiada en apurar las tradiciones,
tan gran ciencia como es la putería?
No consintiera tal la Musa mía.

"Cabo de Gata". Antonio Jiménez Millán.

CABO DE GATA

(In memoriam Javier Egea)


A Joan Margarit




Fue este su paisaje.
Desde el acantilado,
las rocas de color cárdeno oscuro
descienden hacia el mar
y vuelan las gaviotas sobre el faro
dejando atrás las barcas en la orilla,
las redes en la arena
batida por el viento de levante.

Al aire del desierto,
a la tierra quemada de las minas
distantes como emblemas del exilio
le llevaba un camino que atraviesa
dunas, cauces, vaguadas,
la roja sequedad de un mundo a solas.
El ágave y la yuca
habían resistido al temporal,
las aguas transparentes
encerraban los bosques sumergidos,
las ágatas al fondo,
los últimos vestigios de una luz
acostumbrada a restos de naufragios.
Fue este su paisaje en otro tiempo,
estos fueron los símbolos
que quiso compartir bajo la estela
del sol del mediodía,
un sol que a veces hiere
como la culpa o el resentimiento,
como una despedida.

Él siempre hablaba de la soledad.

Desde el acantilado veo ahora
unas casas en ruinas,
una vela rasgada
y un retorno imposible.

La …

Y ahora ya eres dueño del Puente de Brooklyn. (1980) Luis García Montero.

Desde Brooklyn la noche te margina. Abajo de tus pies se
 escinde la ciudad en dos inmensos muslos, y cada esquina
 espera que le llegue el orgasmo.
Estás ausente.
Pero todo discurre como si no tomaras los ojos de un viejo
 espiando el último reducto de los parques a oscuras.
Acechas amantes, y te amanece el cuerpo (sonámbulo casi).
Y es que acaso en este punto sepas lo que eres, y tus manos
contemplen aquello que prohibiste de ti mismo.
Tímidamente amigo de la muerte. ¡Aquel amanecer desde
el Puente de Brooklyn!