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Mostrando entradas de 2012
Lección de poesía.


A Agustín Delgado.

In memoriam.
Siempre quise saber los pasos que te llevaron allí. Siempre quise conocer las palabras. El momento Desconocido. Recuerdo la última conversación, Sentados en aquel sofá obsoleto, El camarero servicial y el café. La conversación sobre tu vida, Tu padre en aquella escuela de un pueblo perdido de León. Tu juventud entre dogmas, Tu obra sobre Cernuda, y los amigos: Diego, Ullán, Ángel… Y el silencio, tu silencio, o el silencio Al que abocaron tus palabras desde otras palabras. Me hablaste sobre el cine: Antonioni, sobre el zarpazo invisible Y efectivo de una dictadura que duraba demasiado. La poesía como enfrentamiento, Esa porción del discurso que nacía insólita Y débil. Pero no se ha vuelto a hacer nada igual. Lo que vino después fue la constatación de este Sistema tan bien trenzado y podrido Que hizo de la poesía tan solo un discurso vacío, Comercial o literario. Te acordabas de Núñez, de Valente, trazadores del discurso, A la ética por l…

bolero

IV

Era el amor contra el  amor, la luz contra la luz. Y no había un camino de vuelta, ni palabras que recorrer
hacia atrás.
El abismo y la caída, como un gigante con pies de barro. Era el agua o la nada. El mar y su ausencia.
Porque el corazón es un órgano de fuego.

V

No hubo un itinerario para pasos perdidos, apenas náufragos absurdos contando olas imaginarias, ya sabes, el tiempo que faltaba para herirnos sin piedad o amarnos como ciegos salvajes, días para un cielo inerme.

BOLERO

Este final ya lo conoces. Tenía las sílabas contadas. No hubo fotos para el recuerdo. Ni siquiera pudimos salir en la escena del cortometraje donde plasmamos nuestras dudas; nunca recogimos el aire más cercano, esa luz ahora imposible del mar de junio. Tan solo quedará la caricia en la palabra, el acercamiento clandestino. Ahora echaré de menos esos silencios, el color cambiante de tu rostro en atardeceres monótonos.
Este final era el previsto. No hubo súplicas: se retiró la camara. El final cantado, nosot…
Edmund Gun

III

Mezclando películas y jazz en un baile nunca comenzado en prisiones invisibles de tedio y transparencia átona.
Palabras dichas al vuelo, buscando heridas asépticas, ya no sé si tu vientre conoce esos matices de cereza y vainilla. O si tus ojos, amada, sí, si me mirases, siguen recorriendo el mundo en busca del rostro amado que completará el tuyo.
Bajo mares de hilo de azul recién inventado. Los días eran la sucesión amarilla de la luz y el desierto creciente y calurosos de los lagartos hermosos.
Edmund Gun Blair

II

Tu rostro, amada, la piel morena y antigua de la primera mujer. Tu voz equivale a todas las palabras: a un lenguaje  único y preciso como de caracolas suicidas.
La extensión del cuerpo y el encuentro preciso en un lugar y tiempo que hicimos justo en un calendario sentimental e inexistente.
Qué locura, amada, todo inventándose, todo haciéndose verdad, palabra, texto hermoso, caricia y olvido. Imágenes robadas para destinatarios débiles. Imágenes de personas que no existían y en las que nunca salimos nosotros sino fue dentro de esa furiosa heteronimia de apellidos y rostros, de ausencias leves y mapas que nunca acaban de recorrerse.

Poema. Edmund Gun Blair

I

Amor, de ese verano nos queda el tiempo insólito, la sorpresa, la alegría del agua, el beso íntimo de lugar desconocido.
Déjame amor que te hable de la pérdida, del desasosiego cotidiano cuando el cuerpo y el rostro de la ausencia se confundan en su materia descarnada de arena y polvo.
Déjame iniciar una nueva tradición amorosa en la que ausencia y presencia se excluyan de esta canción. Donde la luz presente el momento como en una caja con música y los amantes no sean más que un misterio sin solución o despedida.
Un matrimonio extraño entre fantasmas.
Aquí solo vive la música.
¿Recuerdas ese verano altísimo de grillos y olas, de agua que abandona la orilla?
Del placer, amada, de saberse solos en este mundo cuando se iniciaba esa música extrañísima de preludio. La armonía en tu cuerpo casi desnudo bajo el cielo despejado y fotografico.
¡ Qué momento más triste y delicioso, qué altura de paraísos cercenados!
Palabras chocando como huesos confusos, porque vendrá…

Luis Cernuda, poeta y crítico.

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LUIS CERNUDA.  Poeta y crítico.


Luis Cernuda es un ejemplo de poeta magnífico, paradigma de una generación, la del 27, que lideró el cambio de la literatura española para siempre, y ejemplo a seguir por parte de las generaciones más modernas de poetas y escritores actuales. Pongamos por caso al cantautor Joaquín Sabina, que utiliza un verso suyo, a su vez tomado del genial poeta posromántico, Gustavo Adolfo Bécquer: Donde habite el olvido. Este es la característica de Cernuda, así como la de muchos otros poetas de la misma generación: unir la tradición con la modernidad, la vanguardia con el folclore, el surrealismo, con el sobrio estilo de raigambre castellana. Sin embargo, uno de los aspectos menos conocidos de Cernuda sería su producción crítica. No sólo fue un crítico fino con una prosa bella y cuidada, sino que además fue uno de los primeros introductores en España de ciertos conceptos que nunca antes habían sido tratados por la exigua crítica española, en especial en l…

Góngora y el 27.

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Luis de Góngora y la influencia en el 27. Joaquín Fabrellas Jiménez
En las Soledades, el protagonista nos presenta un mundo artificial, como decía Salinas, el poeta revive la realidad, dotándola de nuevos matices y significados. En efecto, la obra de Góngora es una tabla, un decorado. Parte del vacío y prolifera en un mundo abigarrado, hacinado. Nadie se sorprende de ver al viajero. Todos los personajes que aparecen en el poema se muestran al náufrago como personajes de tapiz, a punto de ser pintados; lo que ven los ojos del náufrago es lo que escribe Góngora. La obra tiene espíritu discursivo. Y crítico. La obra de Góngora propone un modelo de conducta ante la sociedad. El náufrago, como el propio poeta, ha conocido los secretos de la Corte y la vida en la gran ciudad. Ambos conocen las presiones, los servilismos, las briegas a las que se debían hacer frente para pertenecer a esa oligarquía basada en el nacimiento afortunado y en la manutención y disfrute de ciertas hereda…